| Mujeres dedicadas impulsan el proyecto de la Biblia en cakchiquel | |||||
Hace once años, en la población maya de Patzún. al oriente de Guatemala, cuatro resueltas mujeres hablantes de cakchiquel de orígenes sociales muy humildes, aceptaron un cambio enorme en sus vidas y en las de sus familias al consentir en ser partes del equipo encargado de producir una Biblia completa en eakchiquel. Definitivamente esto no era parte del esquema maya de cosas y serviría para probar la comprensión y el compromiso de sus maridos y de la buena voluntad de las suegras para cuidar a los nietecitos por un buen tiempo. También probaría el temple de estas mujeres. Ahora tendrían que realizar las labores hogareñas temprano en la mañana y tarde en la noche, sin el beneficio de los modernos aparatos electrodomésticos que se dan por sentado en muchas partes del mundo. Se alejan Hubo también hombres que consintieron en participar en el royecto. En realidad, al comienzo el equipo contaba con un buen equilibrio de géneros. Pero a medida que el tedio del largo proceso del trabajo de traducción comenzó a sentirse, los hombres del equipo comenzaron a alejarse hasta que solamente quedó uno. A las mujeres les tocó la parte más pesada de la carga, y fueron las que permanecieron en el curso hasta que se terminó el proyecto. A veces la marcha era ardua. Con frecuencia, las presiones familiares eran enormes y los interminables días, agobiantes. El proyecto debía durar diez largos años. Por supuesto que no era el pago lo que las motivaba. Más bien, era la firme creencia de que un día la labor de amor que realizaban rendiría la cosecha más rica cuando la comunidad cakchiquel pudiera por fin leer la Palabra de Dios en su propia lengua. El 23 de noviembre de 2003, la visión de estas mujeres se hizo realidad. Sentadas orgu liosamente en el estadio de fútbol del pueblo vecino de Patzicía presenciaban cómo la Biblia que con tanto amor habían traducido a la lengua anticua era dedicada oficialmente por el reverendo Cornelio Midence Rodríguez, secretario ejecutivo de la Sociedad Bíblica de Guatemala. Admiración El reverendo Abner López, secretario general de la Sociedad Bíblica de México, fue el orador principal de la ceremonia de dedicación. Cuando terminó la ceremonia, se me acercó y me expresó su admiración al ver que el equipo de traducción había sido predominantemente femenino. Al pensar en el equipo de traducción de su propio país, totalmente masculino, se preguntaba cómo había sido posible que a estas mujeres indígenas de humilde condición se les hubiera permitido participar en semejante empresa. Para averiguarlo, decidió entrevistarlas. También decidió grabar la entrevista para que la oyeran todos los que participaban en proyectos en México, con la esperanza de que los ayudara a ofrecer oportunidades similares a mujeres indígenas en su país. «¿Por qué las invitaron a participar?», les preguntó a las mujeres. Respondieron que el equipo establecido para dirigir el proyecto las conocía y habían sido consideradas capaces. «¿Objetaron sus esposos?», las presionó. De ninguna manera, le aseguraron las mujeres. En realidad, como cristianos, los esposos habían entendido la importancia de su trabajo. Todavía curioso, el reverendo López me preguntó: «¿Cómo se comparan estas mujeres a los traductores masculinos?» Al reflexionar sobre la historia del proyecto, me preguntaba si tal vez la pregunta no debía hacerse de la otra manera. |
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